Scorsese es un toro salvaje

 

acmi-scorsese-exhibition-h

Toro Films lucha contra sí mismo en un ring que simboliza la vida. Martin Scorsese ha sido reconocido en diversas ocasiones por sus películas de alto renombre como “Hugo”, “El Aviador”, “Goodfellas” y “Los infiltrados”. Pero no todo fue miel sobre hojuelas para el distinguido director.

En esta ocasión recordamos a “Toro salvaje” estrenada en 1980. Scorsese apenas tenía 38 años y seis películas con las cuales podía sostenerse; ya había hecho “Taxi driver” pero a fin de cuentas no dejaba de ser un simple aspirante a director.

Fue gracias a Robert de Niro que, durante el rodaje de “The Godfather II” leyó la biografía del boxeador Jake LaMotta y tardó cuatro años en convencer a todo el equipo para filmar “Raging Bull”.

Scorsese se sintió inmediatamente identificado con el boxeador, el protagonista de la historia, cuya vida empezaba en las calles y sus trágicas decisiones hicieron de su carrera un mito.

Hecha en un formato en blanco y negro y dejando ver las grandes actuaciones y transformaciones de Robert de Niro y Joe Pesci.  Raging bull nos muestra la unión creativa que entre ambos, los hizo resonar en la pantalla. De Niro mostró con la sabiduría presencial que emana ante la cámara su profesionalismo como actor y Scorsese, por su parte, con su siempre calculadora forma de contar historias nos llevó a otro mundo en donde la autodestrucción de su protagonista nos envuelve de luces e infiernos.

Se dice que Scorsese pensaba que ésta película sería el fin de su carrera, y que por eso se entregó a ella para después vivir de otra cosa que no fuera el cine. Pero se equivocó. Esto lo elevó más alto. Lo hizo inalcanzable.

La mecánica del lenguaje y la estructura de las peleas en el ring son también metáforas de Scorsese para hacernos ver que el ring, es sacrificio y esfuerzo. Atreverse, exigirse, apostar todo en lenguajes narrativos y estéticos. De eso se trata.

En Toro Films nos identificamos con Scorsese; dispuestos a dar todo como si fuera la última vez. Lo apostamos todo sin preguntarnos qué seguirá después. Damos lo que tenemos y hacemos lo que sabemos, somos toros salvajes.