Entre el cine de autor y los comerciales.

Parece que hay una batalla en el ámbito del arte visual cinematográfico entre ser muy comercial o ser autor. Muchos grandes directores ni siquiera se preocupan por eso. A pesar de los estigmas entre los gremios hay a quienes les tiene sin cuidado la eterna disertación entre venderse, vender o ser medianamente auténtico.

El trabajo con la imagen puede ser tan artesanal o superficial como cada quien decida que debe ser. Pero hay claros ejemplos en los que se demuestra que una cosa no destruye a la otra. Al contrario, se pueden complementar significativamente. Claro que puede haber muchas diferencias entre resolver una idea o contar-narrar con sensibilidad a través de las imágenes.

Pero esta frontera tan marcada entre una actividad y otra puede ser sanamente salvada por ejemplos como los que vivieron creadores cinematográficos tan interesantes como los suecos Ingmar Bergman y Roy Anderson.

Venderse o vender. Crear o explorar. Cualquier objetivo puede ser válido en la medida de la búsqueda que haga cada director. El estigma de lo comercial parece que merma lo artístico. Nunca nada más contradictorio. Parece que en ese ir y venir muchos directores se han alimentado y crecen en un diálogo de ida y vuelta.

Bergman realizó anuncios muy sencillos para jabones. El mismo creador de piezas de cine tan complejas como Fresas Salvajes se atreve a anunciar jabones sin ninguna pretensión. Pues sí, ahí hay un interés en el lenguaje del cine como motor del intelecto y como motor de la persuasión.

El otro ejemplo es Roy Anderson que sus piezas publicitarias son una continuidad de su estilo cinematográfico en la ficción de largometraje. Sus guiños y estilo no se contraponen en un lenguaje y otro, son una continuidad que cumple con cada objetivo. Llamar la atención hacia un producto y por otro lado llamar la atención a un espectador de cine.

No es difícil encontrar los anuncios comerciales de grandes autores cinematográficos, la lista es larga y las piezas no demeritan en nada el genio cinematográfico. Ejemplos hay muchos y muy variados. Y es interesante cómo algunos directores usan como escuela la publicidad sin dejar nunca de estar presente y vigente el lenguaje del cine. La publicidad filmada y el cine es un diálogo compartido que se enriquece entre uno y otro.

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